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Solo para juristas de reconocido prestigio

UN RELATO SOBRE SUEÑOS QUE SE CUMPLEN: CÓMO APROBÉ JUDICATURA.

¡Buenas tardes!

Hoy os traemos un relato de superación y esfuerzo de la mano de Rosario Vidal-A.

Rosario nos contará qué le llevó a estudiar judicatura y cómo fue el camino hasta conseguir su plaza, un sueño que parece inalcanzable pero que, a veces, se cumple.

Queremos darle las gracias por participar y por compartir su experiencia con la comunidad de juristas. Estamos seguros que a más de [email protected] este texto cargado de emociones le dará ánimos para continuar su propio camino a Ítaca.

Desde Falling in Law os animamos a participar en nuestro blog y a contar vuestras experiencias.

A continuación, os dejamos en las sabias manos de Rosario:


Mi nombre es Rosario y soy licenciada en Derecho y ADE. Empecé la universidad sin tener claro a qué quería dedicarme en el futuro, pero no tardé mucho en averiguarlo. En segundo de carrera ya tenía claro que mi futuro estaría ligado al Derecho y que la salida, muy probablemente, estaría en las oposiciones. ¿Cuál? Lo descubrí en tercero, gracias a la asignatura de Derecho Penal especial: yo quería ser juez. Por aquel entonces no era consciente de la dureza de las oposiciones ni de los sacrificios que estas conllevan tanto para el opositor como para su entorno. Pero yo no pensaba en eso. Yo me veía con una toga resolviendo los problemas de la gente.

Terminé la carrera de ADE en 2013 y ese verano me puse en contacto con un magistrado que preparaba oposiciones. Y el 26 de septiembre, primera fecha importante en mi nueva etapa, comencé a subrayar el tema 1 de Derecho Constitucional.Iura novit cofee

La oposición es un camino sacrificado lleno de renuncias y algún que otro fracaso. Pero también es aprendizaje. Yo no solo he aprendido cientos de artículos y teorías. También he aprendido a convivir conmigo misma encerrada en la habitación durante horas, a sobreponerme después de los malos momentos, a tener paciencia y a comprender que los sueños tardan en cumplirse, a escuchar a mi cabeza cuando me decía que ya no podía procesar más información, a asimilar que el trabajo diario de tantos años no tenía recompensa a final de mes…

Como se suele decir, el opositor vive en una constante montaña rusa de emociones. Y es la verdad. Unos días tenemos el ánimo por las nubes porque los temas han salido bien o, simplemente, porque hemos planificado algo para el día libre. Pero también están los días en que todo sale mal: no somos productivos, el preparador nos aumenta el número e temas, nos ponemos enfermos, etc. Estos son los días en que el opositor saca fuerzas de donde no las hay para sobreponerse y seguir.

Resumir cuatro años de oposición en poco espacio es imposible. Cada opositor es un mundo y cada cual debe afrontar su situación como mejor pueda. En mi caso, mi peor año de oposición fue el 2016. Después de no haber pasado la nota de corte del test me hundí y ese año estudié sin pensar. Solo quería que pasaran los temas y los días sin mayores complicaciones. Pero cada día que pasaba sin nueva convocatoria era peor, lo cual hizo que llegase a pensar en abandonar. ¿Por qué seguí estudiando? Había algo que me movía a seguir, pero no sé el qué. Hasta que por fin llegó la convocatoria en julio de 2017.

Todo fue rodado desde entonces. El test fue el 7 de octubre y salí muy contenta. Una vez que superé el corte, me convocaron para el primer oral en enero. La experiencia del examen oral en el Tribunal Supremo daría para una entrada diferente en este blog. Sí me gustaría decir que ese día debemos pasar un doble examen: exponer los cinco temas correctamente y superar los nervios. Y en esto último, cada cual también es un mundo.

El 30 de mayo de 2018, fecha también para el recuerdo, tuve el segundo y último oral de la oposición. Y salí del Tribunal Supremo con la nota soñada durante los cuatro años, ocho meses y cuatro días que fui opositora.

Hoy, 5 de septiembre de 2018, soy alumna de la 69ª promoción de jueces de la Escuela Judicial. Mi nueva situación es fruto de mi estudio, constancia y esfuerzo. Pero también se lo debo a todas las personas que me han acompañado durante el camino y que se han adaptado a mi situación, con la confianza en que lo lograría tarde o temprano.

Esta es mi experiencia y así he vivido yo este camino. Mis compañeros lo habrán vivido de manera diferente, pero seguro que todos hemos superado este camino movidos por la misma ilusión. Y esa ilusión, que muchas veces se pierde por las malas rachas, es la que deben tener presentes los que empiecen próximamente una oposición y, sobre todo, los que siguen en el camino sin haber llegado a su meta.


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